sábado, 5 de septiembre de 2020

Tupinambá y el canibalismo vengativo

 

El canibalismo fue (y sigue siendo) comúnmente asociado con ciertos pueblos indígenas de las Américas. En la serie de de Bry, su tercer volumen relata las experiencias de canibalismo de Hans Staden en Brasil. Los grabados de De Bry para este volumen se encuentran entre los más conocidos de finales del siglo XVI y principios del XVII, en gran parte debido a su carácter espantoso y sensacionalista. Tenga en cuenta que la impresión de De Bry, "Los indios vierten oro líquido en la boca de un español", también puede representar el canibalismo entre las figuras que se muestran al fondo.

Staden, un soldado alemán que viajó a Sudamérica, había sido capturado en 1553 por los tupinambá, un grupo indígena de Brasil. Después de su regreso a Europa en 1557, escribió sobre las costumbres, la vida familiar y el canibalismo de los tupinambá, describiendo cómo los tupinambá lo practicaban ceremonialmente, especialmente comiéndose a sus enemigos. El libro inicial de Staden incluía simples grabados en madera, pero los grabados actualizados de De Bry demostraron ser mucho más populares y perdurables en la imaginación cultural europea. Las percepciones de los indígenas brasileños fueron moldeadas por estas imágenes y reforzaron la noción de que los tupinambá y otros como ellos eran depravados, primitivos y pecadores.

Una de sus imágenes muestra a adultos y niños desnudos bebiendo un caldo hecho con una cabeza e intestinos humanos, visibles en platos en medio de la reunión de personas. Otra representación del Tupinamba muestra un fuego debajo de una parrilla, sobre la cual se asan partes del cuerpo. Las figuras rodean la parrilla, comiendo. En la parte de atrás hay una figura barbuda, probablemente destinada a ser Staden. Las versiones coloreadas a mano de las impresiones de de Bry enfatizan aún más el tema inquietante de las imágenes.

El canibalismo llegaría a estar estrechamente asociado con los pueblos de las Américas. De Bry incluso usaría imágenes de caníbales para servir como el frontispicio grabado del volumen 3. Mostrar a los tupinambá comiendo carne humana los exotizaba y justificaba el control europeo.



Tupinambá corresponde a una denominación colonial usada por los cronistas del siglo XVI y XVII para identificar a las tribus tupis que vivían en la costa del Brasil y también a una de esas “naciones”, como se anota en el Dicionário del Brasil Colonial:

Los tupinambás o tupis no eran homogéneos, y formaban, según los cronistas, “naciones”, “castas” o “generaciones” que frecuentemente luchaban entre sí y se localizaban en puntos distintos del litoral. Los carijós eran una rama de los guaraníes y se establecían entre la laguna de los Patos y Cananéia; los tupiniquis se expandían por la altiplanicie y el litoral de São Paulo; los tupinambá propiamente dichos o tamoios se ubicaban entre el litoral norte paulista, el valle del Paraíba y Cabo Frío; los temiminós, en la bahía de Guanabara. Entre Espíritu Santo y Bahía, los indios fueron también denominados genéricamente tupiniquins; el territorio entre Bahía y la hoz del San Francisco era también dominado por los tupinambás; en cuanto a los potiguares, se distribuian por la costa del noreste hasta Ceará. En el siglo XVII, los colonos encontraron tupinambás en el Marañón, en Pará y en la isla de Tupinambarana, en el medio Amazonas.

Desde las primeras descripciones de Colón y Vespuccio, los caribes de las Antillas y los tupinambá de la costa brasileña pasaron a ser conocidos por sus prácticas antropofágicas, como anota Metraux: 

La antropofagia es una costumbre característica de los caribes y de los tupí-guaranís. Todas las tribus de esta última familia lingüística, a propósito de la cual estamos tan mal informados, se consideran como antropófagas. 


En los siglos XVI y XVII, la antropofagia fue descrita detalladamente por los cronistas que visitaron estas tierras. Portugueses, franceses, holandeses, alemanes y hasta las cartas de los jesuitas dieron espacio en sus narrativas para describir estas prácticas, consideradas abominables. Ya en las primeras décadas del siglo XVI, la iconografía mostró esos terribles banquetes caníbales practicados por los Tupinambá en las estampas de las ediciones de viajes. En la cartografía, a partir de Waldseemüller y Fries, estas imágenes aterradoras invadieron los mapas de las tierras del Brasil. 

El gran apogeo de esta iconografía sobre el canibalismo fue alcanzado en los detallados grabados hechos por Theodoro De Bry para la tercera parte de su colección de viajes sobre América. Las imágenes basadas en la narrativa de Hans Staden sobre la captura y, especialmente, la ejecución de la víctima por los tupinambás representan el clímax de la Americæ Tertia Pars. Cinco estampas muestran la ejecución, la muerte y el consumo de la víctima por los tupinambá. En la primera aparecen indias desnudas, voluptuosas, que se muestran ansiosas al morder sus propias manos y brazos. Dos concentraciones de indios a la izquierda y a la derecha asisten a la ejecución del prisionero.

Un hombre desnudo amarrado a una cuerda en el centro de la composición ysujetado por dos guerreros con escudos parece desafiar a su verdugo antes de ser sacrificado con un golpe de tacape, dado por el guerrero tupinambá, adornado a la izquierda del grabado.

Tacape: arma usada por algunos grupos amerindios, entre ellos, los tupinambá. Era una especie de espada o maza de madera más ancha en uno de sus extremos.


El relato de Hans Staden describe la escena así: 

Aquel que debe matar al prisionero le pega en la cabeza y dice: “Sí, aquí estoy, te quiero matar, porque los tuyos también mataron a muchos de mis amigos y los devoraron”. El otro le responde: “Después de muerto, tengo todavía muchos amigos que ciertamente me han de vengar”. Entonces le da el matador un golpe en la nuca.

El fragmento de la descripción de Staden justifica la “extraña” postura desafiadora de la víctima ante su verdugo en el grabado y la reafirmación del carácter de venganza de la ejecución. Jean de Léry también registra el diálogo entre la víctima y el verdugo, así como la relación de venganza entre los dos: 

“Yo no estoy para fingir, fui, en efecto, valiente y asalté y vencí vuestro país y os comí”. Y así continúa, hasta que su adversario, listo a matarlo, exclama: “Ahora estás en nuestro poder y serás muerto por mí y ahumado y devorado por todos”. 

La víctima entonces responde:

 “Mis parientes me vengarán”.

 El salvaje encargado de la ejecución levanta entonces un tacape con ambas manos y descarga tal golpe en la cabeza del pobre prisionero que cae redondo muerto, sin querer mover brazos y piernas.

Theodore De Bry, Americæ Tertia Pars (Frankfurt, 1592), 121. Grabado en cobre

En el suelo que pisan los guerreros y la víctima de la estampa de De Bry pueden notarse fragmentos de cerámica y piedras e incluso un fuego encendido. Estos fragmentos, de acuerdo con Staden, servían para que el prisionero pudiera defenderse y agredir a las mujeres que amenazaban devorarlo.

 Otros cronistas dicen que a la víctima le eran dadas frutas secas para arrojar contra sus enemigos.Estos detalles también son mencionados por Léry como justificación de la  presencia de los escudos ovalados de cuero para la protección de los guerreros que sujetan a la víctima: 

Después de haber estado así expuesto a la vista de todos, los dos salvajes que lo mantienen amarrado se apartan de él unas tres brazas de ambos lados y estiran fuertemente las cuerdas de modo que el prisionero quede inmovilizado. 

Tráenle entonces piedras y pedazos de ollas; y los dos guardas, recelosos de ser heridos, se protegen con rodelas de cuero de tapirussú y le dicen: “Véngate antes de que mueras”. Comienza el prisionero a tirar proyectiles con todas sus fuerzas contra los que allí se reúnen en torno de él, algunas veces en número de tres a cuatro mil.


El fuego es encendido por las mujeres indias a una distancia de dos pasos al frente de la víctima para que sea visto por ella antes de morir, y este fuego va a ser usado para preparar su cuerpo después de la muerte. 

El segundo grabado muestra dos instantes diferentes, posteriores a la muerte de la víctima. En el primer momento, a la izquierda del grabado, la esposa del indio muerto llora sobre el cadáver; a la derecha, en un segundo momento, cuatro indias raspan la piel del muerto y una de ellas introduce un palo en el ano del sacrificado. A su lado, el agua está siendo hervida para retirarle la piel a la víctima. 

La lectura de los episodios de este grabado debe ser hecha de izquierda a derecha. En el centro, al fondo, de forma casi simétrica, aparece Hans Staden al lado del guerrero que sacrificó al enemigo, ricamente decorado y aún con el tacape en las manos. El cuerpo del guerrero tupinambá muestra las marcas de las víctimas 
sacrificadas por él, en forma de hendiduras o riscos en las piernas, brazos y pecho. A la derecha, se reúne un grupo de guerreros entre ellos, los dos Tupinambás de escudo que ayudaban a sujetar al prisionero momentos antes de ser muerto en el grabado anterior que parecen esperar con calma, en tanto una india corre intranquila mordiendo su mano. Aquí, De Bry sugiere un contraste entre la serenidad y el control de los hombres y la ansiedad y falta de control de la mujer.

La descripción hecha por Jean de Léry ayuda a entender los dos momentos del episodio presentado en el grabado: 

Inmediatamente después de muerto el prisionero, una mujer se coloca junto al cadáver y derrama un corto llanto; digo a propósito un corto llanto porque esa mujer se lamenta y derrama fingidas lágrimas sobre su marido muerto, mas siempre con la esperanza de comerle un pedazo. En seguida, las otras mujeres, sobre todo las viejas, que son más golosas de carne humana y ansían la muerte de los prisioneros, llegan con agua hirviendo, refriegan y escaldan el cuerpo con el fin de arrancarle la  epidermis  después el dueño de la víctima y algunos ayudantes abren el cuerpo y lo despresan.

Léry resalta especialmente el llanto fingido de la india por su esposo recién sacrificado, que llora, mas quiere comer un pedazo del marido.De ese modo, las mujeres indias del grabado no se muestran solo ansiosas y descontroladas, como por ejemplo la mujer que corre en el fondo, sino también fingidas e hipócritas, como la india que llora sobre el cuerpo sin vida de la víctima. 

El pastor francés menciona también la presencia de mujeres viejas golosas –que no están en el grabado de Theodoro De Bry–, jóvenes yvoluptuosas. Esto también justifica el motivo por el cual los hombres semejan estar esperando en el fondo el final del trabajo de las mujeres, ya que, de acuerdo con Staden y Léry, a ellos les correspondía desmembrar el cuerpo. Por lo tanto, estarían esperando que las 
mujeres terminen su tarea. 

La descripción de Léry justifica la presencia del agua hirviendo para escaldar el cuerpo, que De Bry registra tanto en el gran pote lleno de agua colocado al fuego como en la tinaja con agua al lado de las indias. El proceso de raspar la piel de la víctima también es citado por Staden: “Entonces le descarga el matador un golpe en la nuca, los sesos saltan y luego las mujeres toman el cuerpo, arrojándolo al fuego, desollándolo hasta quedar bien pelado y le 
introducen un palito por detrás para que nada [se] les escape”.

Las descripciones de Staden y Léry coinciden en indicar que la función de escaldar la víctima correspondía a las mujeres indias. Mientras que el texto de Staden explica la presencia en el grabado del pedazo de madera que la india entierra en la víctima con ayuda de una piedra. Evidentemente, esta imagen fue confeccionada a partir de las informaciones de las narrativas de Staden y de Léry, pero no encuentra referentes directos en los xilograbados de estos relatos. 



El tercer grabado presenta el desmembramiento de la víctima. Después 
de la retirada de la epidermis, los indios cortan el cuerpo. En el grabado puede verse a un indio que, con ayuda de un hacha, corta el cuerpo. Tres mujeres corren por la aldea llevando en sus manos los brazos y piernas cortadas, con enorme alegría.

Otro indio abre la víctima por el medio y le retira las vísceras, que son recibidas por una india en una especie de plato. Paralelamente, dos indias ya están 
cocinando las vísceras y la cabeza en una enorme olla de barro, mientras otra trae leña para alimentar el fuego. En esta escena macabra pueden ser vistos niños, uno de ellos con una cabeza cortada en las manos, mientras otros dos ayudan a mantener el fuego encendido. Hans Staden afirma que: 


Una vez desollado, un hombre lo toma y le corta las piernas, encima de las rodillas, y también los brazos. Vienen entonces las mujeres, pegan los cuatro pedazos y corren alrededor de las cabañas, haciendo gran vocerío. Después le abren las costillas, que separan del lado de enfrente y las reparten entre sí; mas las mujeres guardan los intestinos, cocinándolos, y del caldo hacen una sopa que se llama mingau.

La descripción del alemán detalla el proceso de desmembramiento y de cocimiento de las vísceras. A pesar de todo, tal vez lo más singular de la escena, tanto en el texto de Staden como en el grabado de De Bry, sea la extraña actitud de alegría de las mujeres, manifiesta con el correr alrededor de las cabañas con los miembros cortados de la víctima. 

El padre José de Anchieta resalta también este aspecto:

 “Lo despedazan con grandísimo regocijo, más que todo de las mujeres, las cuales andaban cantando y bailando”.

Jean de Léry es más sintético en las informaciones de este proceso de fraccionamiento: “Luego después el dueño de la víctima y algunos ayudantes abren el cuerpo y lo despresan”. Claude d’Abbeville es más preciso en los pasos seguidos para la preparación del cuerpo: 

Se aproximan entonces las mujeres, agarran el cadáver y lo lanzan al fuego hasta que se queman todos los pelos.
 Lo retiran entonces y lo lavan con agua caliente. 
Después de estar bien limpio y calvo, le abren el vientre y retiran las entrañas.
 Lo cortan enseguida en pedazos y lo ahúman o lo asan.

Otros grabados hechos por De Bry para la Americæ Tertia Pars sobre episodios de fraccionamiento del cuerpo de la víctima para el festín coinciden en todos los casos con las narrativas de Staden y Léry, al indicar que esta función era realizada específicamente por hombres. 

En el grabado, se puede destacar la presencia de una pequeña hacha en la mano de un indio para desmembrar el cuerpo del sacrificado. 

Jean de Léry se refiere a la presencia de esta herramienta entre los tupinambás: 

Después de la llegada de los cristianos a ese país, comenzaron los salvajes a cortar y tasajear el cuerpo de los prisioneros, animales y otras presas con hachas y herramientas dadas por los extranjeros, lo que hacían antes con piedras afiladas, como me fue dicho por un anciano.
El hacha de metal es un elemento ajeno al contexto tupinambá, por lo menos en los primeros tiempos; solo con el contacto con portugueses y franceses los indios comenzaron a obtener herramientas en metal60. Las imágenes del fraccionamiento  del cuerpo con un hacha recorren toda la iconografía de la antropofagia. 

El hacha ya aparece en las primeras imágenes de la antropofagia del Nuevo Mundo y sus habitantes: en la edición de la Lettera de Vespuccio de 1509, en las carnicerías de cinocéfalos de Lorenz Fries, en los caníbales de Münster, en los xilograbados de descuartizamiento y consumo de Las Singularidades de la Francia Antártica.

(1557), de Thevet, y aun en varios grabados de Theodoro De Bry de la Americæ Tertia Pars y de la Brevis Narratio.

Los dos últimos grabados muestran la preparación y consumo de la víctima del sacrificio: costillas, piernas y brazos son asados, mientras que otras partes, como vísceras, son cocinadas. Las imágenes aterradoras y macabras muestran cómo todos los tupinambás participan del festín: jóvenes y viejos, hombres, mujeres y niños.

 El grabado sobre el consumo de las vísceras revela una escena formada por nueve voluptuosas mujeres sentadas en círculo, junto con sus hijos: tres niñas y seis niños que se alimentan de la papilla hecha con tripas de ser humano, ya que los músculos eran destinados a los guerreros de la tribu (Figura 4). Si la escena no tuviera la cabeza desprendida en un plato y las vísceras en otro, recordaría un episodio cotidiano y familiar, aunque la presencia de la cabeza confiere un carácter aterrador y siniestro al grabado.

De Bry basó esta imagen en otra anterior, hecha para la edición ilustrada de la narrativa de viaje de Hans Staden, en 1557. En el xilograbado original no aparece la cabeza del difunto en el plato, esta adición pertenece a De Bry y fue inspirada en 
los xilograbados con cabezas tajadas de las narrativas de Thevet. 

Sobre el consumo de las vísceras por mujeres y niños, Hans Staden, en el Viaje al Brasil, dice que lo siguiente: “Las mujeres guardan los intestinos, los cocinan y del caldo hacen una sopa que se llama mingau, que ellas y los niños beben, comen los intestinos y también la carne de la cabeza; los sesos, la lengua y lo demás que haya será para los niños”.


Thevet también coincide en esta cuestión: 

“generalmente las mujeres comen las entrañas”.

La última imagen relacionada con el festín muestra carne humana asada en el moquém y devorada por los indios y es también una de las imágenes más 
macabras e impresionantes de la Americæ Tertia Pars.

 El grabado muestra detalladamente miembros fraccionados de varios cuerpos de víctimas puestos a asar en el moquém . Los tupinambá están en el medio del banquete: 

Hombres, mujeres y niños, todos degustando partes de este festín: mujeres viejas lamen sus dedos para no perder nada del terrible manjar y hasta un niño chupa una mano cortada, mientras en el plano de fondo un Hans Staden asustado parece cuestionar las acciones de los indios. Léry señala que: “Todas las partes del cuerpo, inclusive las tripas, después de ser bien lavadas, son colocadas al humo, en torno al cual las mujeres, principalmente las golosas viejas, se reúnen para recoger la grasa que escurre por las varas de esas grandes y altas parrillas de madera".
En lo que respecta al uso de grasa y consumo de sangre por parte de las índias, el padre Anchieta, en una carta de 1565 al general Diogo Lainez, describe que: 

“Otras se untaban las manos con la grasa y andaban untando las caras y bocas de las otras, y tal había que cogía la sangre con las manos y la lamía, espectáculo abominable, de manera que tuvieron una buena carnicería con que hartarse”.

En el grabado de De Bry, a diferencia de lo informado en el relato de Staden, no aparecen tripas asadas. Claude D’Abbeville, en la Historia de la Misión de los

Padres Capuchinhos, hace una descripción muy próxima de la imagen del grabado de De Bry: 

Encienden fuego debajo de la parrilla sobre la cual colocan todos los pedazos del pobre cuerpo descuartizado: cabeza, tronco, brazos y costillas, sin olvidar piernas,manos pies, inclusive entrañas o parte de ellas, dejando el resto para el caldo. Nada pierden, en suma, y tienen cuidado de voltear constantemente los pedazos para asarlos bien; y aprovechan además la grasa que escurre por las varas y lamen la que el coagula en las horquillas. Todo bien cocido y asado, comen los bárbaros esa carne Humana con increíble apetito.




Sobre lo poco que se sabe de la distribución de las partes del cuerpo de la víctima, Florestan Fernández aclara que: 

Los actos canibalísticos no se limitaban a un sector social determinado, a la comunidad de los guerreros o de los ancianos: eran colectivos, y participaban de ellos, de una manera o de otra, niños y adultos, hombres y mujeres. Los niños, los Jóvenes de ambos sexos y las mujeres en general tomaban parte del banquete colectivo a través de la ingestión del mingau, hecho con el intestino y con otros órganos de la víctuma. Los hombres adultos, es decir, los avá y tujuaé, devoraban las demás partes del cuerpo después de ahumadas.

Así, que la india coma un brazo contradice las informaciones dadas por Thevet y Staden, en las cuales las mujeres consumían las vísceras y no los miembros y músculos (brazos o piernas), que eran reservados a los guerreros.


 Las indias del festín contradirían el grabado anterior que muestra mujeres y niños consumiendo la papilla hecha con las vísceras e intestinos.


 El grabado sobre la preparación de la carne humana en el moquém de la AmericæTertia Pars, en el cual hombres y mujeres tupinambá devoran un cuerpo cortado, arroja varias dudas con relación al número de indios que participaba de estos rituales y de la cantidad de carne humana consumida. Si creemos en el grabado de De Bry, once tupinambás, cuatro mujeres, seis hombres y un niño, estarían devorando las partes humanas de por lo menos tres prisioneros. 

Esto puede comprobarse al contar los brazos fraccionados: la india joven muerde uno; el guerrero que tiene un collar devora el segundo; otros dos brazos están siendo asados en la barbacoa, mientras el niño chupa los dedos de una mano; para un total de cinco manos, lo que daría tres víctimas para alimentar once tupinambás. 

Léry registra millares participado: “Todas las aldeas circunvecinas son avisadas del día de la ejecución y pronto comienzan a llegar de todos lados (…) allí se reúnen en torno de él, algunas veces en número de tres a cuatro mil”. Fray Vicente del Salvador dice que: “entonces ordenan grandes fiestas y juntas de parientes y amigos llamados desde treinta y cuarenta leguas”.

De ese modo, ¿cuántas víctimas tendrían que ser sacrificadas para que todos fueran alimentados? 

Hans Staden y Gabriel Soares de Souza también indican que algunas partes eran guardadas para ser consumidas después. Esto indica que la carne aun sobraba. Con certeza, la imagen del grabado de Theodoro De Bry no puede ser tomada de forma literal. Entre tanto, Jean de Léry confirma que a veces era necesario más de un prisionero para las ceremonias: 

En cuanto a la carne del prisionero, o de los prisioneros, porque a veces matan dos o tres en un solo día (…) todos los que asisten al fúnebre sacrificio se reúnen en torno a las hogueras, contemplándolos con feroces miradas, y por grande que sea el número de los convidados, ninguno sale de allí sin su pedazo.

Theodoro De Bry tendría en cuenta las indicaciones de Léry para componer los rostros feroces de los indios de los grabados, específicamente cuando los tupinambás están devorando carne humana. La necesidad de repartir parte de la víctima entre muchos comensales justificaría, por un lado, el sacrificio de más de un prisionero y, por otro lado, la razón de consumir el cuerpo en su totalidad “asado y cocido y completamente devorado”.

Pero la duda continúa: ¿cómo consigue el cuerpo de una o dos víctimas rendir para alimentar la población de varias aldeas que se reúnen para el ritual antropofágico? 

El padre Vasconcellos, en la Crónica de la Compañía de Jesús, explica cómo los indios consumían una víctima de manera que alcanzara para todos: 

Entra el principal Almotacel a repartir la carne del difunto. A esta la manda dividir en tantas partes [de forma] que todos puedan alcanzar un poco de la cocción como es imposible que lleguen a probar mil almas de la carne de un solo cuerpo, se coce muchas veces un solo dedo de la mano, o del pie, en un gran asado, hasta ser bien diluido y después se reparte el caldo en tan pequeña cantidad a cada uno, de manera que pueda decir verdaderamente que bebió por lo menos del caldo donde fue cocida aquella parte de su contrario

Fray Vicente Salvador también coincide con la información de Vasconcellos: “del caldo hacen grandes recipientes de migajas y papillas de harina de carimã, para suplir la falta de carne y poder llegar a todos”. 

Sobre la preparación del caldo para alimentar a gran cantidad de indios, Métraux especifica que: 

Cuando el número de convidados era tan considerable que no permitía la distribución, a cada uno, de parte de la carne, los indígenas cocían el pie, las manos, o también un dedo del cadáver en una olla, y todos podían, entonces, probar el caldo. Si había, por el contrario, abundancia de carne, el excedente del banquete era preparado y guardado en espera de otro festín. Los huéspedes llevaban a casa pedazos de carte y, apenas llegaban a la aldea, organizaban una nueva borrachera para concluir el banquete. Si el jefe de la aldea estaba ausente, no olvidaban los indios de guardarle su parte.

Este grabado de la preparación de los miembros en el moquém, junto con el de las mujeres que raspan la piel del prisionero, sigue las descripciones de las narrativas de Staden y Léry, pero no sus estampas. Estos dos grabados permiten percibir elementos originales propios de Theodoro De Bry y en este último grabado el flamenco se toma más libertades y se distancia de las informaciones dadas por los cronistas. Si en los otros grabados de la Americæ Tertia Pars De Bry registra la presencia de un ritual mágico-religioso, la estampa de la preparación de la carne humana en el moquém está relacionada con la idea del banquete caníbal, o sea, los Indios consumen carne humana por puro placer gastronómico: los tupinambás muerden con avidez brazos y piernas, un niño consume una mano y las viejas indias chupan la sangre y la grasa untada en sus propios dedos. 

La imagen del banquete que Theodoro De Bry hace para la Americæ Tertia Pars extrapola los esquemas rituales, aproximándose a las imágenes de las cocinas caníbales de Holbein, Münster y Fries. Una estampa en especial inspirará y marcará profundamente los grabados de De Bry sobre la preparación y consumo del cuerpo: la del Descuartizamiento y consumo de la víctima hecha para la edición de 1557 de la obra Singularidades de la Francia Antártica de Thevet

Aquí, dos hombres son desmembrados y sus mies

mbros, cortados con hacha y puestos a asar en una barbacoa. Una mujer agachada retira las vísceras de un cuerpo decapitado, mientras un niño “juega” con una cabeza cortada. Tanto el grabado de Thevet como el de De Bry recurren a la tradición iconográfica sobre antropofagia, como bien lo destaca Frank Lestringant: 

Hay varios elementos de fantasía en esta composición de conjunto bastante tradicional: los carniceros nudistas, armados de machetes, y la cabeza en la punta de una lanza que sale de una ventana, presentes en las viñetas gravadas de la Cosmografía Universal de Sébastien Münster, en las cuales los taurocitos, tártaros, caníbales y otros pueblos bárbaros de los confines intercambiaron sus respectivos atributos. Los niños que juegan a la bola con la cabeza del muerto van a inspirar el teatro macabro escenificado por Théodor de Bry.


En el grabado de la preparación y consumo del cuerpo asado en el moquém,Theodoro de Bry sigue la tradición pictórica de la antropofagia, colocando seres humanos con apariencia monstruosa que devoran miembros humanos, imágenes constantes en las representaciones medievales y en la iconografía de la antropofagia del Nuevo Mundo. Los impresionantes grabados de Theodoro de Bry muestran elementos superficiales del ceremonial de “destrucción”80 del enemigo, un ritual mucho más complejo y amplio, según especialistas como Metraux y Florestan Fernandes. Esa práctica de ingestión de carne humana como venganza formaría parte de un hecho más amplio, que está vinculado a la guerra y que atravieza todos los ámbitos de la sociedad tupinambá. Jean de Léry indicaba que la venganza era la principal razón para devorar al enemigo, un profundo odio y no el placer gastronómico: 

Mas no comen la carne, como podríamos pensar, por simple gula, pues aunque confiesan que la carne humana es sabrosísima, su principal intento es causar temor a los vivos. Los mueve la venganza, salvo en el caso de las viejas, como ya observé. Por eso, para satisfacer su sentimiento de odio devoran todo del prisionero, desde los dedos de los piés hasta la nariz y la cabeza, con excepción, sin embargo, de los sesos, los que no tocan.

 

Aucardo.C.Y (2005)EL FESTÍN ANTROPOFÁGICO DE LOS INDIOS TUPINAMBÁ EN LOS GRABADOS DE THEODORO DE BRY, 1592.Fronteras de la historia, número 010. Instituto Colombiano de Antropología e Historia, ICANH: Bogotá, Colombia pp. 19-82

 Dr. Lauren Kilroy-Ewbank, "Inventing" America ", The Engravings of Theodore de Bry", en Smarthistory , 18 de mayo de 2019, consultado el 5 de septiembre de 2020, https://smarthistory.org/engravings- theodore-de-bry / .

JeanDelumeau, História do Medo no Ocidente, 1300-1800. Uma cidade sitiada (São Paulo: Companhia das Letras, 1989), 347 y Raminelli, Imagens, 102.

Vasconcellos, Chronica, Libro 1, 132, 53. TE.


miércoles, 2 de septiembre de 2020

El grito ¿Figura momificada de Chachapoya?


Nombre: Edvard Munch

Año de nacimiento: 1863, Hedmark, Noruega.

Año de muerte: 1944, Oslo,Noruega

Pintor excéntrico e innovador de origen noruego. Durante su carrera persiguió plasmar las caras de la psicología humana, representando "el alma" en sus propias palabra

Se considera como uno de los grandes del expresionismo y precursor del modernismo. A pesar de que sus trabajos no demuestran una pericia técnica despampanante, se desenvuelve como pez en el agua con el simbolismo y lo conceptual.

La estilización de la figura, la prolongación de las líneas y, en ocasiones, el intenso dramatismo y la intensidad cromática, hicieron del estilo pictórico del noruego Edvard Munch uno de los modelos estéticos del expresionismo de las primeras décadas del siglo XX.

Edvard Munch nació en Løten, Noruega. En su infancia sufrió la pérdida de familiares cercanos a causa de la tuberculosis y vivió atemorizado por un padre muy estricto y religioso. Inició la carrera de ingeniería, pero abandonó para empezar una carrera artística que bebía del simbolismo de Gauguin.


Con el espectro de la muerte, que llenó su niñez, lo acompañaría durante toda su vida, convirtiéndose en uno de los temas recurrentes en sus obras. En 1885 llevó a cabo el primero de sus numerosos viajes a París, donde conoció los movimientos pictóricos más avanzados y se sintió especialmente atraído por el arte de Paul Gauguin y Henri de Toulouse-Lautrec. No tardó en crear un estilo sumamente personal, basado en acentuar la fuerza expresiva de la línea, reducir las formas a su expresión más esquemática y hacer un uso simbólico, no naturalista, del color, y de ahí su clasificación como pintor simbolista.

De 1892 a 1908 vivió en Alemania, sobre todo en Berlín, aunque hizo frecuentes viajes a Noruega y París. En Berlín presentó en 1892 una exposición que tuvo que ser retirada por el escándalo que suscitó y que dio pie a la creación de la Secesión Berlinesa. En Noruega contó pronto entre sus amistades con importantes personalidades políticas y literarias y tuvo particular afinidad con el realismo social del dramaturgo Henrik Ibsen, para quien realizó los escenarios y el vestuario de la obra Peer Gynt en 1896.

En 1908 Edvard Munch, después de una tormentosa relación sentimental y víctima del alcohol, sufrió una grave enfermedad nerviosa, por lo que tuvo que ser recluido en el psiquiátrico del doctor Jacobsen, en Copenhague, del que salió completamente restablecido. En 1908 volvió definitivamente a Noruega, donde recibió algunos encargos oficiales (pinturas del paraninfo de la Universidad de Oslo) y pasó sus últimos años en soledad. Munch legó a la ciudad de Oslo todas las obras que conservó hasta su muerte, acaecida en 1944.


Edvard Munch, pintor de la angustia, del miedo, de la enfermedad, de la muerte… Y precisamente por ello fue precursor del Expresionismo alemán, al que tanto le gustaban estas temáticas sórdidas.

En cierto sentido, para Munch eso representaba belleza, ya que «del mismo modo que Leonardo da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, yo intento diseccionar almas»

De alguna forma, retrató a la perfección al hombre moderno y su sufrimiento existencial, tan ligado al sexo como a la muerte y que se tradujo en los temas que trató en su pintura: la soledad y la angustia.


Su estilo, muy personal y expresivo, nada naturalista, llamó la atención. Paralelamente vivió una existencia marcada por la soledad,la depresión y el alcoholismo que paradójicamente contribuyó a su creatividad. Aún así llegó a ingresar en un sanatorio y murió completamente solo, aunque reconocido artísticamente como el mejor pintor noruego.

Dejó más de 1000 cuadros, 15 400 grabados y más de 4500 dibujos y acuarelas. Sonado fue el robo de su obra maestra «El grito» en 1994, recuperada ocho semanas más tarde. Diez años después sería otra vez sustraído y recuperado de nuevo dos años después.


Edvard Munch: El grito. 1893. Óleo y pastel sobre cartón. 91 x 73,5 cm. Galería Nacional de Oslo, Noruega.



 Significativamente, una de sus más celebradas,publicadas imágenes sobrelleva elí título"Skrig" (noruego), traducible como "Grito". ("Sólo esta palabra connota el interminable,penoso, discordante y violento paroxismo emocional y humano que Munch proyectó en el paisaje de los fiordos, explicó Reinhold Heller en 1973).


Algunos pensadores sostienen que el sonido de la palabra utilizada para denominar a una emoción reproduce la sensación original que dicha emoción provocó en el primer hombre que la experimentó sensación que entonces él mismo quiso dejar atrapada en la onomatopeya y en la mímica gestual de su nombre.

La angustia, esa sensación de desazón interior mezcla de miedo e incertidumbre, que acontece en circunstancias que se viven como amenazantes, es un perfecto ejemplo de lo antes mencionado. Resulta interesante mencionar que la palabra española angustia, así como su sinónimo angina, derivan de la palabralatina angere, que significa estrechar, ahogar. 

La obra maestra pictórica “El grito” de Edvard Munch, constituye un perfecto ejemplo en este sentido. En ella un individuo desolado estrecha su rostro entre sus manos, clara metáfora de la angustia (angosto), lanzando un grito desgarrador. Dos siluetas humanas alejadas de él, así como la remota presencia de una iglesia y un hospital, dos clásicos refugios para la angustia, resaltan la soledad del momento. El hombre sufriente está a un paso del abismo (angustia) del cual sólo lo separa una delgada barandilla (los mecanismos de defensa del yo). 


Figura momificada de Chachapoya, Perú, siglos IX-XV. En exhibición en el Museo de l’Homme, París. Foto: Francois Guillot / AFP / Getty Images.


No sabemos a ciencia cierta si el modelo utilizado por Edvard Munch para su famoso lienzo El grito fue esta momia peruana depositada en el Musée de l’homme de Paris.

 Tampoco es probable que se inspirara en las cabezas decapitadas a cadáveres de indígenas machiguengas, que Charles Wiener echó en su día al saco como interesantes muestras de «especímenes antropológicos únicos en Europa de razas del alto Ucayali». Sabemos que momia y cabezas fueron a parar allí junto con otras 86 cajas de curiosidades etnográficas y antropológicas como bagaje y renta del viaje de unos dos años emprendido por Wiener por encargo del Ministerio de Instrucción Pública de la República francesa entre 1875 y 1877, en un gesto de arrogante filantropía y de prestigio científico en el que competía con las restantes potencias coloniales. 


Para cuando Wiener llegó, parte del trabajo de rastreo, levantamiento y recogida de ejemplares y objetos curiosos de las culturas del Perú y Bolivia estaba adelantado. Marinos, diplomáticos y coleccionistas actuaban por su cuenta.

 Entre ellos Frédéric Quesnel y Theodor Ber, residentes en Lima, que aportarían a la colecta ocho cajas con múltiples objetos que habían conseguido reunir, más por preciosos que por curiosos, con la inestimable colaboración de informadores y descuideros locales, entendiéndose no obstante de sus testimonios que a todo el mundo se le pagó su justiprecio. Wiener pudo redondear poco a poco esta apasionante empresa, calificada de misión científica por los europeos de entonces.

En los obligados intervalos entre las exploraciones arqueológicas, su genio incansable  se dio a las hazañas geográficas. Animado por el afán de fijar su altura, afirma haber hollado la cima del sagrado Illimani, monte que se suponía el más alto de Bolivia y de América. Entre sus acompañantes estaban el peruano José Ocampo, el ingeniero austriaco  Georg von Grumbkow y tres humildes nativos anónimos, que en un momento dado se niegan a seguir porque en esos lugares «existen dioses que guardan su santuario de hielo». No le faltaba pues información sobre la montaña, pero  no tuvo inconveniente en bautizarla, armado de bandera, como Pico de Paris. Si hasta ahí llegó, queda por señalar que tan sólo alcanzó para su desgracia una mera antecima. El gesto define el temperamento de este nativo austriaco y judío, convertido con el tiempo y las circunstancias en francés y católico para que nada impidiera su mayor gloria terrenal. 

A sus incursiones  aventureras incorporó el daguerrotipo como instrumento de caza de imágenes. Algunas son memorables y se incluyen, transformadas en ilustraciones, en su relato expedicionario Pérou et Bolivie. Récit de voyage. Ninguna de ellas se firma, pero hoy sabemos que las fotografías se vendían como trofeos gráficos a los aventureros de temporada por gentes residentes en el país. No parece que, pese a sus declaraciones, fueran en muchos casos obra suya, lo que unido a los numerosos errores comprobados acerca de la procedencia de muchas de las piezas coleccionadas, arroja una sombra de sospecha sobre su protagonismo y sobre la fiabilidad del resto del relato. 

En definitiva estuvo allí, y a su retorno presentó, con la pompa propia del publicista y  la encendida emoción del nuevo republicano, los hallazgos propios y los que tomó como propios, en una sesión mantenida en diciembre de 1877 en la Société de Géographie de Paris. Publicó la memoria de su viaje en 1880 en el volumen citado y a continuación emprendió por Sudamérica una brillante carrera diplomática a cuenta de la República. La monumental obra contiene numerosísimas observaciones y datos de valor controvertido e impreciso, y el legado incluye objetos que salieron como curiosidades y que hoy son ya ejemplares científicos y obras de arte residentes en Francia. Con ellas se montó para la Exposición Universal de 1878 un exhibición de antigüedades y de tipos americanos, de la que surgió posteriormente el Musée d'Ethnographie du Trocadéro. A este museo, que años más tarde se asentaría en el Palais de Chaillot,  es al que acudió como un visitante más el pintor Munch. Y es allí donde quedó sobrecogido por aquel agónico gesto, por aquel grito postrero del indígena.

 Todos podemos sentirnos identificados con su mensaje: el humano moderno en un momento de profunda angustia y desesperación existencial. 
Es un mensaje universal, que trasciende de sexos, razas y nacionalidades. Por ello “El grito” es considerado uno de los cuadros más importantes de la historia del arte.

Munch se inspiró en su propia vida atormentada, una tragedia sobre un padre severo, una madre muerta y unas hermanas enfermas, trastornos bipolares y depresión, alcohol y armas de fuego. El propio Munchnos cuenta de donde surgió la idea en su diario de 1892:

Paseaba por un sendero con dos amigos – el sol se puso – de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio – sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiordo y de la ciudad – mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.


Esta impresión (o expresión) la acabó plasmando en este cuadro, que en principio iba a ser la figura de un hombre trajeado, pero tras una visita a París donde vio una momia peruana de rasgos andróginos, decidió cambiar al protagonista para universalizar aún más su mensaje existencialista.
Por supuesto, se ven también las influencias de la obra de Van Gogh que Munch pudo ver en París. Al ver la pintura del holandés, el noruego supo al fin como plasmar emociones profundas



martes, 1 de septiembre de 2020

Crónicas de la Criminalística

 Los datos que provienen de la historia, permiten establecer que la primera disciplina precursora de la Criminalística fue la que en la actualidad se conoce comoDactiloscopia. 

El ilustre experto en identificación B. C. Bridges, en una de sus obras hace la siguiente referencia: 


"Algunos de los primeros usos prácticos de la identificación mediante las impresiones dactilares, son acreditados a los chinos, quienes las aplicaban diariamente en sus negocios y empresas legales, mientras tanto el mundo occidental se encontraba en el periodo conocido como la edad oscura. Kia Kung-yen, historiador chino de la dinastía Tang, en sus escritos del año 650, hizo mención a la identificación mediante las impresiones dactilares, en un comentario sobre un antiguo método en la elaboración de documentos legales. 

En su apunte se lee lo siguiente: "Placas de madera eran escritas con los términos del contrato y eran cortadas pequeñas muescas en sus lados y en iguales sitios para que las placas pudieran ser más tarde emparejadas y con la igualdad de las muescas se probaba si eran genuinas. El significado de las muescas era el mismo a la identificación mediante las impresiones dactilares (hua-chi), de la actualidad".

Es decir, en el año 650 los chinos ya utilizaban las impresiones dactilares en sus tratos comerciales, y en ese mismo año, hacían mención al método anterior al uso de las impresiones consistente en la utilización de placas de madera con muescas iguales recortadas en los mismos sitios dé los lados, las que conservaban las partes del contrato e igualadas dichas tablas se podía constatar la autenticidad o falsedad de los contratos de referencia.

El propio Bridges, hace otro comentario significativo al expresar que:

 "El libro de leyes chino de Yung Hwui, casi del mismo periodo, en una descripción en el Código local de reseñas chinas, establecía que, «Para divorciarse de la esposa, el esposo debía dar un documento que expusiera siete razones para hacerlo. Todas las letras deberían ser escritas con su propia mano, y signar el documento con sus huellas dactilares»".

Muchos años después, en 1575, surgió otra ciencia precursora de la Criminalística, la Medicina Legal, iniciada por el francés Ambrosio Paré, y continuada por Paolo Sacchias en 1651.

El eminente jurista español, Enrique de Benito, comentaba que: "Si hemos de creer, sin embargo, al profesor Mancini, son muy antiguos los precedentes históricos de la ciencia policíaca, como que según parece, se remontan al libro de COSPI, II giudice Criminalista, impreso en Florencia en 1643, verdadero tratado de Policía científica aunque con todas las omisiones, errores y preocupaciones propias de la época".

En 1665, Marcelo Malpighi, profesor en anatomía de la Universidad de Bolonia, Italia, observaba y estudiaba los relieves papilares de las yemas de los dedos y de las palmas de las manos.

Una de las primeras publicaciones en Europa, acerca del estudio de las impresiones dactilares, apareció en Inglaterra en 1684, realizado por el doctor Nehemiah Grew, perteneciente al Colegio de Físicos y Cirujanos de la Real Sociedad de Londres.

En 1686, nuevamente Malpighi hacía valiosas aportaciones al estudio de las impresiones dactilares, tanto que una de las partes de la piel humana lleva el nombre de capa de Malpighi (Malpighi layer).

En 1753, otro ilustre estudioso y precursor, el doctor Boucher, realizaba estudios sobre balística, disciplina que a la postre se llamaría Balística Forense, también precursora de la Criminalística.

En 1809, la policía francesa permitía la inclusión de Kugene Francois Vidocq, célebre delincuente de esa época, quien originó para algunos la mayor equivocación en la historia de la investigación policíaca, pero para otros ha sido uno de los mejores policías del mundo, ya que muchos de sus sistemas de investigación heredados a sus sucesores Allard, Canler, Claudé y Macé, fueron difundidos a muchos países. Vidocq fundó la Sureté (Seguridad), en 1811, y no se deja de reconocer que tuvo muchos aciertos y ayudó empíricamente al progreso del cuerpo policíaco que él creó. Vidocq se retiró y fundó un buró de investigaciones en París, en 1833.


En esa época, también Ave Lallemart empíricamente colaboraba en el desarrollo de la policía alemana en Berlín.U

Un sobresaliente acontecimiento en la historia de la dactiloscopia lo marcó un tratado publicado en 1823, por Johannes Evangelist Purkinje, quien presentó el ensayo como su tesis para obtener el grado de Doctor en Medicina, en la Universidad de Breslau. En ese escrito, Purkinje describió los tipos de las huellas dactilares y las clasificó en nueve grupos principales.

También en 1823, Huschke describió los relieves triangulares (deltas) de los dibujos papilares de los dedos, y Alix escribió y publicó un estudio sobre los dibujos papilares


En 1829, los dos primeros comisioners de la policía de Londres, Mayne y Rowan, tenían sus oficinas en unos inmuebles muy viejos, que pertenecían al antiguo Palacio de Whitehall. Posteriormente la policía londinense ocupó otra construcción que antes había servido de residencia a los príncipes escoceses cuando visitaban Londres. De ahí procede el nombre de Scotland Yard, que durante tantas décadas ha servido para definir a la policía inglesa.

En 1835, aparece otro de los primeros precursores de la Balística Forense, Henry Goddard, que en opinión de Jurgen Thorwald, fue uno de los últimos y más famosos "bow-street-runners", de la policía británica, y hace referencia de lo siguiente: En una de las balas que penetraron en el cuerpo de la víctima, Goddard observó una curiosa protuberancia y con dicho proyectil provisto de la mencionada seña particular inició la búsqueda del asesino. E

En lasombría vivienda de uno de los sospechosos, Goddard descubrió un molde para balas de plomo, un utensilio bastante común en aquellos días. El molde tenía un pequeño defecto. En él se podía observar claramente una hendidura. Descubrió que la protuberancia de la bala asesina se ajustaba perfectamente a dicha hendidura. El dueño del molde, detenido por sorpresa, confesó su crimen.

La comisaría de la policía londinense se encontraba en Bow Street, de ahí se deduce que a los detectives ingleses se les llamaba, "bow-street-runners" (campeones de la calle de la reverencia), grupo formado por el juez Hcnry Fielding en 1750, precursores de la Scotland Yard creada en 1842, por Sir Robert Peel.


En 1840, el italiano Orfila creó la lexicología, y Ogier la continuaba en 1872, ciencia que auxiliaba a los jueces a esclarecer ciertos tipos de delitos, en donde los venenos eran usados con mucha frecuencia. Esta ciencia o disciplina también es considerada como precursora de la Criminalística.

William Herschel, en 1858, al frente del Gobierno civil del Distrito de Hoogly, en Bengala, India, adoptaba el uso de las impresiones dactilares para evitar la suplantación de la persona y para identificar a los reincidentes en la paga de pensiones a soldados hindúes retirados, estampando en las listas las huellas de los dedos índice y medio de la mano derecha.

En 1866, Allan Pinkerton, y su Pinkerton's National Detective Agency en Chicago, E.U.A., ponía en práctica la fotografía criminal para reconocer a los delincuentes, disciplina que posteriormente sería llamada Fotografía Judicial y actualmente se le conoce como Fotografía Forense.

En 1882 Alfonso Bertillón creaba en París el Servicio de Identificación Judicial en donde ensayaba su método antropométrico dado a conocer en 1885 y adoptado oficialmente en 1888, otra de las disciplinas que se incorporaría a la Criminalística general. Dicho método estaba basado en el registro de las diferentes características óseas métricas y cromáticas en personas mayores de 21 años, en once diferentes partes del cuerpo. Le sucedió la Dactiloscopia.

En esa época, Bertillón publicaba una tesis sobre el retrato hablado (Portrait parlé), otra de las precursoras disciplinas criminalísticas, constituido en la descripción minuciosa de ciertos caracteres cromáticos y morfológicos del individuo. Desde 1884, Bertillón, tomaba fotografías de los lugares de hechos con todos sus indicios, placas que ilustraban a los funcionarios judiciales en las investigaciones criminales.

En este mismo año, Francisco de Latzina le asignaba el nombre de Dactiloscopia al antiguo sistema Icnofalangométrico.

En 1885, en Londres, Sir Francis Galton colocaba los fundamentos para la solución del problema que representaba hacer una clasificación de las impresiones dactilares mediante la publicación de su manual Fingerprint Dircctoríes.

En 1888, el inglés Henry Faulds en Tokio, Japón, hacía valiosos descubrimientos y contribuciones en el campo de la Dactiloscopia, uno de ellos fueprecisar los tipos: arco, presilla y verticilo en los dibujos papilares de las yemas de los dedos.

En julio de 1891, en Argentina en la Oficina de Estadística de la Policía de la Plata, Juan Vucetich es comisionado para organizar un Gabinete de Identificación Antropométrico. Vucetich obsérvalas enormes deficiencias. Dos meses después inaugura la Oficina de Identificación y utiliza la Antropometría y las huellas digitales de ambas manos y crea así, la ficha decadactilar. Y al poner en práctica sus sistemas, descubre entre los sentenciados a siete reincidentes. ( https://elmanualdelforense.blogspot.com/2020/07/juan-vucetich-y-el-sistema.html?m=1 ) 


ORIGEN DE LA CRIMINALÍSTICA


Lo anterior permite establecer que las investigaciones policíacas se empezaban a guiar científicamente, pero con un porcentaje considerable de empirismo, donde se usaba la intuición y el sentido común y lógicamente no se obtenían resultados muy satisfactorios. Pero todas estas investigaciones y pesquisas empíricas, adquirieron un nombre propio que les dio el más ilustre y distinguido criminalista de todos los tiempos, el Doctor en Derecho HANNS GROSS, denominándole CRIMINALÍSTICA, en Graz, Austria, en 1892, dada a conocer mediante su obra

Handbuch für Untersuchun-gsrichter als System der Kriminalistik (Manual del Juez, todos los Sistemas de Criminalística).

 En 1893 se imprimió la segunda edición en esa misma ciudad. Se editó y publicó en España en 1894, con el nombre El manual del juez con traducción del eminente jurista Doctor en Derecho, Máximo de Arredondo. Y para Latinoamérica la editó Lázaro Pavía, en 1900, mismo año en que se conoció en México.

El referido jurista Máximo de Arredondo, en el prólogo que hace al Manual del Juez, publicado en Madrid, España, en 1894, valora su contenido yprecisa la fecha en que el doctor Hanns Gross dio a conocer la Criminalística, comentando lo siguiente: "No existiendo en nuestro país obra alguna queviniera a llenar el vacío de que antes hablábamos, no hemos dudado en acudir a las literaturas extranjeras, y muy particularmente a la alemana.

 Claro que en la literatura alemana se incluye la de Austria, a cuyo país pertenece el autor, que, como se sabe, figura en primera línea en la evolución jurídica moderna; y entre los muchos libros que hubiéramos podido escoger, hemos dado la preferencia, por su modernismo y su mérito indiscutible, a la obra del doctor Gross, recientemente publicada en Graz, Austria(enero de 1893), y que tan justos y universales elogios ha merecido a laprensa europea".

En el periodo del nacimiento de la Criminalística, otro eminente jurista español, Enrique de Benito, comentaba: "Esta es la dirección que en nuestros días ha seguido Hanns Gross, el fundador de la que él llama Criminalística o heterogéneo material de conocimientos útiles al juez, al agente de policía y al gendarme.


El doctor Hanns Gross nació en Graz, Austria en 1847, fue Juez de Instrucción en Stejermark y Profesor en Derecho Penal en la Universidad de Graz, y por primera vez fue quien se refirió a los métodos de investigación criminal como Criminalística.

 La elaboración del Manual del Juez, le tomó 20 años de experiencias e intensos trabajos, en donde hizo orientaciones que debe reconocer la instrucción de una averiguación para aplicación de la técnica del interrogatorio, el levantamiento de planos y diagramas, utilización de los peritos, la interpretación de escrituras, conocimiento de los medios de comunicación entre los participantes de un mismo delito para el reconocimiento de las lesiones, etc., siendo en general un manual útil para los jueces en el esclarecimiento de cualquier caso penal.

Hans Goppinger comenta:

 "Citemos en forma particular a la Escuela Austriaca. Empieza con Hanns Gross, y del campo total de la Criminología" 

Subraya sobre todo la rama Criminalística. Gross fundó en 1912 el Real e Imperial Instituto de Criminología en Graz, el primer Instituto Criminológico Universitario en Europa. No se contentó con la mera advertencia de la necesidad de la investigación criminológica, sino que llevó a cabo personalmente investigaciones en el Instituto de Graz, cuyo punto principal lo constituyeron cuestiones de la Psicología de la declaración y del interrogatorio. Junto a su Manual para Jueces de Instrucción y su otra gran obra: La Psicología Criminal, merece particularmente ser destacado el Archiv für Kri-minalanthropologie and Kriminalistik (Hoy Archiv für Kriminologie), fundado por él en 1898. Tras la muerte de Gross, Adolf Lenz continuó al frente del Instituto en Graz.

Del contenido científico del Manual del Juez, se desprende que el doctor Hanns Gross, en su época constituyó a la Criminalística con las siguientes materias: Antropometría, Argot Criminal, Contabilidad, Criptografía, Dibujo Forense, Documentoscopía. Explosivos, Fotografía, Grafología, Hechos de tránsito 'ferroviario, Hematología, Incendios, Medicina Legal, Química legal e Interrogatorio.


 EVOLUCIÓN DE LA CRIMINALÍSTICA

En los años de la creación de la Criminalística, varios estudiosos de la investigación criminal se inclinaron en llamar al conjunto de métodos para la investigación de delitos, como Policía Judicial Científica o Policía Científica entre ellos estaban: Alongi, De Benito, Ferri, Lombroso, Nicéforo, Otto-lenghi, Reiss, Roumagnac y otros científicos.


 En Berlín, en 1900, Paul Jeserich respaldaba a Gross con la publicación de su manual Handbüch der Kriminalistischen Photographie, donde exponía técnicas para la toma de fotografías en las nacientes investigaciones criminalísticas.

Pero para Hanns Gross, la Criminalística era una disciplina auxiliar jurídicopenal y su obra se tradujo a varios idiomas, provocando el interés de otros especialistas quienes empezaron a hacer observaciones y contribuciones a la naciente disciplina.

En varios países las necesidades de la policía se hicieron notorias y nació la imperiosa obligación de llevar a cabo estudios especializados para poder ocupar puestos en la policía conforme progresaron las ciencias y se hicieron nuevos descubrimientos, la Criminalística tomó de ellas lo que era útil para su desarrollo.

En 1896, Juan Vucetich logra que la policía de Río de la Plata, Argentina, deje de utilizar el método antropométrico de Bertillón, reduce a cuatro los tipos fundamentales de la Dactiloscopia, determinados por la presencia o ausencia de los deltas. Vucetich nació en Croacia, Yugoslavia.

En 1897, el profesor Salvatore Ottolenghi presentó un programa para el curso de Policía Científica, en el cual desarrollaba sus sistemas de enseñanza, aplicados en la Facultad de Medicina en Siena, Italia, desde ese año hasta después de 1915.

En 1899, el propio Ottolenghi, junto con Alongi, fundaron una revista llamada Polizia identifica. Lombroso, Ferri y Alongi, invocaban pronto en Italia una Policía Judicial Científica, de la que formaba parte la identificación de los delincuentes, acerca de la cual ya en 1872 había ideado un método antropométrico el italiano Bonini (Bognoni), a quien siguieron en esta senda Anfosso, De Blasio y otros.

Alfredo Nicéforo, en la Scuola Positiva en Roma en 1903, con su monografía de estudio y enseñanza de la Criminología, colocaba por vez primera a la Policía Judicial Científica, en el cuadro general de la Criminología.

Entretanto, los países latinoamericanos iniciados por Juan Vucetich, se integraban al uso de métodos científicos en la investigación criminal, escribían obras y creaban sus Institutos de Policía y Laboratorios de Criminalística, ya que en 1904, el sistema dactiloscópico de Vucetich había sido aceptado casi universalmente como el más práctico y operable.

En México, en 1904, el profesor Carlos Roumagnac escribía los primeros fundamentos de Antropología Criminal con base en estudios efectuados en la cárcel de Belén, México, D.F. Y en 1907, el propio Roumagnac, ponía en práctica el Servicio de Identificación en la Inspección General de Policía de laciudad de México. Por otra parte, también identificaba a las reclusas de la cárcel de Coyoacán por medio de la Dactiloscopia.

Y en Inglaterra, en 1905, Sir Francis Galton modificó su sistema citado en Fingerprint Directories con otro Manual publicado con el nombre de Clasification and uses of fingerprints.

Constancio Bernaldo de Quiroz en España (1908), reducía a tres las fases de formación y evolución de la Policía Científica: 

 a)Una primera fase equívoca, cuando el personal policiaco incluso un jefe como Vidocq, eran reclutados entre los mismos delincuentes como conocedores insustituibles de las personas y artes de los malhechores;

 b) Una segunda fase empírica en la cual el personal cual el personal, ya no tomado entre los delincuentes, lucha con ellos empíricamente sólo con las facultades naturales, vulgares o excepcionales;

 c) y una tercera fase científica en que a estas facultades naturales se añaden métodos de investigación técnica fundados en la observación razonada y en el experimento químico, fotográfico, etc.

El alemán Rudolph Archibald Reiss, en Lausana, Suiza (1911), se dedicaba integramente a los estudios de la Policía Científica y escribía una tesis al respecto. También era profesor en Ciencias Policíacas en la Universidad de esa ciudad hasta 1915.

Hanns Gross, después de una apasionante vida científica, muere en su ciudad natal, en 1915; hubo consternación mundial por la pérdida de tan discutido criminalista.

En México, a principios del siglo XX, los doctores Francisco Martínez Baca y Manuel Vergara, publicaban sus trabajos en el libro Estudios de Antropometría Criminal; además, el primero de los doctores de referencia, escribía Los Tatuajes, y el licenciado Julio Guerrero, elaboraba una verdadera tesis llamada La Génesis del Crimen en México, obra que en opinión de Carlos Roumagnac, tuvo mucho éxito y se tradujo a otros idiomas.

Nuevamente en la ciudad de México, en enero de 1920, el profesor Benjamín Martínez, fundó el Gabinete de Identificación y el Laboratorio de Criminalística, en la entonces Jefatura de Policía del Distrito Federal, y escribía algunos de los primeros tratados sobre Dactiloscopia.

En 1923, Carlos Roumagnac, escribía en México el primer libro sobre Policía Judicial Científica, en donde definía los métodos y técnicas de esa época para las investigaciones criminales.

En 1935, los policiólogos Carlos Roumagnac, Benjamín Martínez, Fernando Beltrán y otros crean en la ciudad de México una escuela para policías en la que se enseñaba la Criminalística entre otras materias, escuela cuyo nombre sufrió algunas transformaciones, la primera se llamó Escuela Técnica Policíaca, la segunda Escuela Científica de Policía, para finalmente llamarse Escuela de Técnica Policial. Dicha escuela pasó por muchas vicisitudes y estuvo a punto de desaparecer.

Fue hasta 1938, cuando el doctor José Gómez Robleda, Director de Servicios Periciales, indicaba la aplicación de la Criminalística en la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, entonces también de Territorios Federales.

En 1946, plenamente entusiasmado con la Criminalística, el doctor Constancio Bernaldo de Quiroz, en las conferencias que dictaba en la Asociación de Abogados de Puebla, México, explicaba que: 

"De todos los elementos que intervienen en ella, de todos los temas de interés, de novedad que hay en la Policiología, en la Policía Judicial Científica, que así se llama este aspecto de la Criminalística, voy a mencionar tan sólo dos doctrinas, la identificación del malhechor y otra, la que afecta a la confesión del reo."


 Y hace una exposición muy interesante sobre la Antropometría, la Fotografía y la Dactiloscopia, en lo que se refiere a la identidad del malhechor, así como sobre la prueba de la confesión, con sus distintas modalidades, desde las históricas ordalías o juicios de Dios, hasta el uso del suero de la verdad y el detector de mentiras.

Pero apunta el doctor Camilo Simonín en 1955, que "Posteriormente a 1919, la Policía Científica ha llegado a ser Criminalística, ya que la experiencia ha demostrado que el estudio de las huellas criminales, manifiestamente importantes para la justicia y el descubrimiento de falsos documentos, sobrepasa las responsabilidades de las investigaciones policiales. Especialistas, biólogos, físicos y químicos, deben intervenir; ello encierra la necesidad de crear laboratorios de Criminalística, que dispongan de buen instrumental científico y de especialistas competentes. 


 LA CRIMINALÍSTICA EN LA ACTUALIDAD

En conclusión, se puede decir que la Criminalística ha vivido sólo una época, se inició en la científica y continúa en la científica, y ha terminado con la equivocación y empirismo de la investigación policíaca. Y a través de su historia, se ha fortalecido y enriquecido gracias a las aportaciones anteriores y actuales de estudiosos europeos y norteamericanos, como: 

Alongi, Bertillón, Bradford, Bridges, Bryan, Borri, Burrard, Ceccaldi, Constain Medina, Constain Chávez, Cowan,Cunningham, De Blasio, Ferri, Fox, Galton, Goppinger, Harris, Hatcher, Henry, Hoffmann, Hughes, Lacassagnc, Locard, Malpighi, Nicéforo, Oloriz, O'Connel, O'Connor, Osterburg, Ottolenghi, Purkínje, Reiss, Saferstein, Sckharan, Snyder, Soderman, Thorwald, Thomas, Turner, Vandersvoch, Vivert, Villalain, Weller y otros.


Así como gracias a las aportaciones de científicos latinoamericanos, como Abreu Gómez, Albarracín, Fernández Pérez, Gutierre Tibón, Benítez, Castellanos, Jiménez Navarro, Latzina, Luque, Martínez, Moreno González, Oliveros Sifontes, Padrón, Peña Reyes, Pérez Vega, Roumagnac, Sandoval Smart, Sodi Pallares, Villarreal Rubalcava, Villavicencio Ayala, Vucetich (nacionalizado argentino), y otros.

La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, como se indicó participó en la investigación científica, con la aplicación de la Criminalística, en 1938, colaborando para ello, desde entonces, ilustres científicos mexicanos como: José Gómez Robleda (iniciador), Fernando Beltrán, Arturo Baledón Gil, José Torres Torija, José Sol Casao, Salvador Iturbe Alvírez, Javier Pina y Palacios, Jorge Peña Reyes, Luis R. Moreno González, Ramón Fernández Pérez, Hornero Villarreal Rubalcava, Raúl Jiménez Navarro, J o-sé Argote Barrera y otros no incluidos en la historia de la Criminalística en México.

Y en la actualidad, en dicha Procuraduría, a los miembros de la Policía Judicial, Peritos y Ministerio Público, no sólo se les exige capacidadinductiva y deductiva en la investigación de los delitos, sino también unae esmerada preparación científica en el estudio de las ciencias penales, queas acertadamentee imparten en el Instituto de Formación Profesional de la propia Institución donde, desde la época del maestro Javier Pina y Palacios, y del doctor Sergio García Ramírez, respetables cultivadores de las ciencias penales en México, se ha manifestado la buena intención de que México esté a laaltura de otros países del mundo, en el estudio de las disciplinas Criminológicas,Criminalísticas y Policiológicas.


Montiel,S,J. (2003) criminalistica,Tomo 1.México, Distrito Federal:Limusa.

García,F,M. (2016). El gabinete de Juan Vucetich: un  de experimentación. La Plata, Argentina: 1891-1901. Vol. 27 . No 2.
  
Departamento de justicia de los Estados Unidos, (2004). El libro de                                                    referencias de las huellas dactilares, Estados unidos, Washington: nij